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Foto: Fotograma de Blonde
A la cubana que se ganó el papel de la rubia más famosa del planeta hay
que verla así, en la pantalla grande.
Avanzando con cuidado, para no tropezar
en el oscuro pasadizo entre los asientos, pero de prisa; porque apenas faltan
segundos para que el proyector se encienda y el flash cegador de una cámara fotográfica nos deslumbre en la primera
escena, el movimiento seductor de un vestido blanco expone, a quien veremos en
las próximas horas.
Los primeros minutos se hacen más
lentos, quizá porque estamos a la expectativa de ver a Ana de Armas en la piel de Marilyn Monroe. Esa es la razón por la
que estamos aquí; no por las escenas controversiales, ni por el sinfín de
críticas positivas y negativas, ni por las tantísimas opiniones que rondan las
redes sociales. Vinimos a ver a la muchacha que, también comentan por los
pasillos de Hollywood, pudiera ganar la estatuilla dorada.
Como mujer, mirar el filme sin cerrar
los ojos, por lo crudo de las escenas, es casi imposible. La obra revictimiza a
Marilyn con violaciones, abusos
físicos y sicológicos de todo tipo. La muestra como una mujer asustadiza,
temerosa, al borde de un trastorno de identidad disociativo.
No esperaba encontrar una Norma Jean fuerte y empoderada, pues el
filme es una versión de una versión de su vida; pero tampoco pensaba que iba a
ver el relato de una víctima que, por 30 años, estuvo en un círculo de
violencia sin fin.
Son minutos difíciles de soportar los
dedicados a los embarazos. Es la fibra más sensible de un tema infinitamente
polémico y que afecta, en el plano emocional, a las mujeres; sean madres,
quieran serlo o no. Por el tratamiento que se hace del asunto, varios grupos
feministas la han calificado como una obra antiaborto.
Sin embargo, la belleza de la película
está en los detalles. El trabajo de diseño de vestuario, escenografía y
caracterización es fenomenal. Hay varios momentos en que no estamos seguros de
si la que aparece en la pantalla es Ana
de Armas, o si realmente es un fragmento tomado de una escena de Marilyn. El cuidado en la producción es
admirable. Igualmente, la fotografía, el montaje y la posproducción son dignos
de alabanza.
Dejo para el final lo que es realmente
el principio, lo mejor que, según mi parecer, tiene Blonde: la actuación de su protagonista. Es una maravilla
deleitarse en sus expresiones, voz y movimientos tan distantes de la latina que
es, tan cercanos a la diva de Hollywood que interpreta.
Aunque tiene en su haber varios títulos
reconocidos, nadie duda de que en la carrera de Ana de Armas hay un antes y un después de Blonde.
amss/Tomado de Granma
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