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Ana Núñez Machín. Foto: Tomada de Cubaperiodistas
Fue por Ana Núñez Machín que nació mi devoción por ese hombre “de consonancia imposible” que es Rubén Martínez Villena. Autora del libro El joven Rubén, en el cual guardo, desde la adolescencia, unas décimas al incansable luchador, leí por primera vez a la historiadora y periodista que dejaba ver, desde su prosa, la belleza de su alma de poeta junto a la precisión ensayística de su escritura.
Saber de su fallecimiento este jueves, a
los 89 años de edad, nos conduce a repasar su vida, de un bregar constante, de un
empeño permanente por llevar a los libros y a otros espacios, como la radio (para
la cual escribió los guiones de Así se forjó la patria y Para sembrar
el futuro, de Radio Progreso) y la prensa (Hoy, Revolución, Granma, Mujeres,
Vanguardia Obrera, la revista UPEC, entre otros) sus saberes, siempre en pos de
visibilizar historias y personalidades imprescindibles.
Tras el triunfo de la Revolución, la Comisión
Nacional de Alfabetización y la Editorial Pedagógica del Ministerio de Educación
contaron con el talento de la maestra normalista que antes de 1959 había sido por
años maestra rural.
Títulos como Raíces, Tiempo de
sombra, Sangre resurrecta, El pensamiento martiano en la Generación del Centenario,
Doce poemas de amor, y Por el amor anda el canto, dan fe de sus fervores
por la poesía que sintió y halló en sus días.
Miembro de la Unión de Historiadores de
Cuba y del Grupo Asesor de la Unión de Periodistas de Cuba, Núñez Machín firmó también
el libro Clásicos del periodismo cubano.
En la selección, en la que aparecen, entre otros, textos de Varela, Mendive, Martí,
Mella y Pablo de la Torriente, apunta que “fueron cubanos que entregaron a la patria
un nombre limpio y un pedazo de gloria”.
Fundadora de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba, mereció la investigadora, en 1970, el Premio Nacional de Biografía
Enrique Piñeyro, por su libro Rubén Martínez Villena, que otorgara la organización.
La biógrafa del héroe seguiría, posteriormente, enriqueciendo el ingente trabajo
historiográfico con otros títulos.
En la solapa de la biografía se lee: “Para
escribir sobre Rubén Martínez Villena se necesitan varias condiciones: primero,
un dominio del oficio, sensibilidad creadora, compenetración ideológica para acercarse
a aquel espíritu exquisito y combativo, entregado plenamente a la causa”.
El texto la convirtió en su biógrafa; una
voz autorizada para hablar de Rubén con absoluta propiedad; razones que avalan la
integridad de su autora, la entereza probada de Ana Núñez Machín.
amss/Tomado de Granma
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