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Ilustración. Foto: Tomada de culturainquieta.com
La sociedad
cubana enfrenta hoy cruciales desafíos, entre ellos uno que implica también
a los hogares: la cuestión del impacto de
internet en nuestras vidas y, de modo especial, en el descenso de la lectura incitadora
de la inteligencia y la eticidad.
Resulta innegable la enorme influencia del
ciberespacio en los niños, adolescentes y jóvenes. Creo entender a quienes piensan
de ese modo y refutan la idea de que estos grupos etarios “sí leen”. El dilema estriba
en qué leen fuera del pacto curricular, tiempo que estas edades utilizan básicamente
con lecturas de distracción en internet, sin orientaciones precisas. Por lo general,
leen textos cada vez más reducidos y reductores, de escasa o ninguna creatividad,
que los alejan poco a poco del conocimiento real y del pensamiento crítico.
Es una batalla desventajosa en la que internet
tiene a favor una bien calculada estrategia comunicativa, la selección de los contenidos,
una fuerte dosis de hedonismo y un alto poder de seducción mediante el empleo de
imágenes, sonidos y textos ligeros, diálogos eficaces y apelación a los sentidos
primarios, elementos, sin duda, atractivos para tales edades. Nunca como en los
últimos lustros, la lectura de real valor había recibido una embestida tan fuerte.
Sin embargo, no es la primera vez que la
humanidad afronta esta clase de retos. Recordemos que, al escribir El Quijote, Cervantes
quiso reducir el consumo de insulsas novelas de caballería que impedían a sus receptores
discernir la profunda crisis de España en el siglo XVI. Por su parte, Flaubert intentó
con Madame Bovary revelar a las lectoras francesas del XIX las distorsiones producidas
por los folletines lacrimosos de entonces, textos idílicos, alejados de la realidad
social, económica y cultural de su tiempo. Inquietudes parecidas, y aun superiores,
movieron a José Martí a finales de ese propio siglo a fomentar en su obra la independencia
integral de los hombres y mujeres de nuestra América. Incluso en ese proyecto contempló
la revista La Edad de Oro, dirigida a los niños de Hispanoamérica.
Pero si bien internet ha contribuido a desorientar
las lecturas de los niños, adolescentes y jóvenes, no debemos demonizarla, ya que
el espacio virtual ofrece igualmente valiosas ventajas a quienes lo visitan con
visión selectiva. La cuestión estriba en cómo instruirlos y educarlos desde el propio
medio para crearles hábitos de selección cualitativa de los textos para leer, según
el grupo etario. Es una tarea difícil pero imperiosa, de rigor pedagógico, informacional
y cultural en el nivel primario, medio y superior; así mismo para los especialistas
de la cultura y las comunicaciones. En fin, para quienes contribuyen a la instrucción
y educación de las generaciones actuales en el conocimiento fecundo del ciberespacio.
En tales acciones debemos aprovechar las
facilidades de internet, sus fortalezas audiovisuales y las colecciones de obras
literarias y científicas que atesora, buscando su balance progresivo en cuanto a
calidad, complejidad, extensión y género de los textos. Solo así, haciendo de la
lectura y del conocimiento un medio atractivo, podremos incrementar en niveles lógicos
las apetencias por las lecturas de verdadero progreso de la inteligencia y los valores
en los grupos etarios mencionados.
amss/Tomado
de Granma
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