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Rozalén es una de las más importantes voces de la canción de autor. Foto: Sonia Almaguer
El regalo fue mutuo. Si para la artista fue todo
un gusto cantar en La Habana –invitada a la Feria Internacional Cubadisco 2023–, para el público que se congregó
en la sala Covarrubias del capitalino Teatro Nacional, haber visto a Rozalén fue un acontecimiento que le será
inolvidable.
Seducidos por la calidez de esta mujer,
con 10 años de fructífera vida artística, y que se hace acompañar en sus presentaciones
por Beatriz Romero, intérprete de lengua de señas –en esta ocasión, además, por
el pianista Álvaro Gandul, y el guitarrista y productor de sus discos, Ismael Guijarro–,
los presentes corearon, para sorpresa de la cantante, muchas de sus canciones, y
ovacionaron temas que han calado hondo en quienes siguen su arte.
Saber que María de los Ángeles Rozalén –nacida en 1986 en Castilla-La Mancha,
“la tierra del Quijote”– es una de las más importantes figuras contemporáneas de
la canción de autor, Premio Nacional de Músicas Actuales 2021, con tres nominaciones
al Grammy latino y un premio Goya, entre otros reconocimientos, habría podido preparar
al público para un encuentro prometedor; sin embargo, la expectativa quedó superada,
a juzgar por el modo en que lo dejó un concierto en el que por casi dos horas se
le escuchó. Arrulló el espíritu la anécdota oportuna; la gracia para llegar al otro
lado de sí, donde estaba la multitud que la contemplaba; y, por supuesto, su voz,
defensora de un mensaje que sana y reivindica.
Comenzó con 80 veces, tema de su primer álbum, Con derecho a… Se fue entibiando el ambiente, y Rozalén, ante un público para el que siempre
soñó cantar, fue abandonando el confesado temblor. Siguió con Este tren, un canto al instante inatrapable
de la vida, “hay paisajes que solo verás una vez”; y la siguió una canción que hablaba
de nuevos surcos en la frente y manchas en la piel, arrugas y venas marcadas. El
paso del tiempo reafirmó el sentido optimista de la vida, la inteligencia humana
frente al declive, en la voluntad de la cantautora, también activista social, de
no dejar fuera a los que han envejecido.
Una insistencia en el sentir de Rozalén fue asegurar simpáticamente el no
tener ellos vergüenza al haber venido a cantar donde están los mejores músicos del
planeta. El aplauso agradeció el elogio que también alcanzó a Pablo, Omara y Aute,
cercanos ocasionalmente a ella. Del último cantautor, su “gran favorito”, defendió
La belleza. Un teatro estremecido y puesto de pie ovacionó la interpretación que
hizo del tema en el que Aute, desdeñando frivolidades, apostó por “el espejismo
/ de intentar ser uno mismo”.
En el apretado tiempo, Rozalén distinguió a Silvio; y junto a ella
un auditorio agitado coreó La maza. No
faltaron los homenajes a Lorca; a Sebastián Iradier y su habanera (La paloma); a las folclóricas sevillanas,
a un familiar desaparecido en la guerra Civil Española, su tío Justo, con una canción
homónima.
La historia de amor de sus padres, un sacerdote
que se enamoró y depuso los hábitos (Amor
prohibido); la necesidad de respuestas a dudas existenciales, “que mis días
felices no dependan del deseo ajeno” (Y busqué);
y el valor para defender el amor, por encima de la enfermedad (Comiéndote a besos), desde la música, exaltan.
Los de este lado del escenario no tuvimos dudas de que estábamos asistiendo a un
encuentro que dejaría huellas.
Hacia los finales, la artista interpreta
Que no, que no; tema con el que mereció
el Premio Goya a la mejor canción original.
El público le pide La puerta violeta
y Girasoles. “Me resulta increíble que
sepan que existo”, dice conmovida ante la gente que no para de aplaudirla.
Rozalén complaciente, las canta: “Sé lo que no quiero / ahora estoy
a salvo”, dice en La puerta…; y en Vivir, “si alguien detiene mis pies aprendería
a volar”. La identificación con temas tan humanos como la lucha contra la violencia
y la esperanza se hace notar.
Cae finalmente el telón, y el público no
es el mismo. Un largo aplauso siguió sucediendo allá adentro; donde siempre hay
algo que solucionar, algo que encontró cobija en las canciones que ya no habrán
de abandonarlo.
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