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Foto: Pérez Cabrera, Fredy
Para la crítica nacional e internacional, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 determinó
un cambio decisivo en las letras nacionales y en las de América Latina.
Atrás quedaba derrotada una de las dictaduras más
sanguinarias de este continente; y con ella una época de politiquería, extrema pobreza,
vejaciones, incultura, analfabetismo, penetración cultural y desesperanza; estigmas
que habían prevalecido durante los primeros 50 años de la República neocolonial
y luego recrudecidos con el golpe de Estado de Batista, en 1952.
El entusiasmo
popular ante el triunfo del Ejército Rebelde, el 1ro. de enero, fue indescriptible.
Tal alegría originó un vuelco en la perspectiva, la temática y los aspectos formales
de la poesía, la narrativa, el teatro y otras manifestaciones del arte y la cultura; acompañado de transformaciones socioculturales
inmediatas. Una verdadera revolución cultural dentro de la Revolución.
Dentro y fuera de Cuba se respiró una nueva esperanza.
Al fin los escritores y artistas habían salido
de los tiempos de la soledad para ingresar en la época de la solidaridad.
En este renacimiento de las esencias de la cultura
y de la vida concurren escritores de diversas generaciones y poéticas, desde los
nacidos a comienzos del siglo XX hasta los más nuevos.
Tales expectativas se expresan de muy diversas maneras
en las letras; en unos casos, de forma abierta; en otros, de modo más sutil. Como
escribiera Virgilio López Lemus en torno a la poesía de esos años, esta tomaría
dos cauces básicos (si bien nada sencillos en su praxis): la poesía de exaltación social,
implicada en el fervor revolucionario de los años 60'; y la de tono intimista, centrada en reflexiones sobre el amor, la existencia,
la muerte, el desengaño, la poesía, la familia.
En ambas
líneas confluyen disímiles posturas estéticas: la de Nicolás
Guillén y Manuel Navarro Luna junto a la de Dulce María Loynaz, Virgilio Piñera,
José Lezama Lima y el Grupo Orígenes; la de los años 50', con Roberto Fernández
Retamar, Pablo Armando Fernández y Fayad Jamís; la de los más jóvenes, con Rolando
López del Amo, Félix Contreras, Miguel Barnet, Nancy Morejón y Víctor Casaus.
En el campo
de la narrativa sucede algo parecido, la ficción predominante expresa el júbilo
del momento por medio del rescate de las luchas revolucionarias previas a 1959,
los sucesos épicos y la confrontación de ideas del decenio del 60'.
Otros autores se interesan por cuestiones universalistas;
unos terceros muestran su incertidumbre ante los cambios ocurridos; por último,
están los que prefieren tratar temas filosóficos, identitarios y culturales. Entre
ellos sobresalen Alejo Carpentier, Dulce María Loynaz, José Lezama Lima, Virgilio
Piñera, Onelio Jorge Cardoso, Eliseo Diego, Dora Alonso, Guillermo Cabrera Infante,
Edmundo Desnoes, Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, José Soler Puig, Ezequiel
Vieta, María Elena Llana, Miguel Barnet, Jesús Díaz, Reinaldo Arenas, Reynaldo González,
Norberto Fuentes, Julio Travieso y Eduardo Heras León.
Esta literatura,
en su conjunto y complejidad, como la propia Revolución, fue imagen esencial de
una nueva época en la cultura insular.
amss/Tomado de Granma
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