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Habanerías: El complejo Morro-Cabaña

Cuentan que en épocas muy lejanas, en esta ciudad circulaba de voz en voz una copla que decía: "¿Qué es lo que tiene La Habana / que no lo tiene Madrid? / Pues el Morro, La Cabaña/ y ver los barcos venir".

Vista del castillo de Los Tres Reyes del Morro/Foto tomada del portal del ciudadano de la Habana

Texto: Rosa Pérez López

Una tonadilla con cierto sentido separatista, que reafirmaba el orgullo del criollo por haber nacido en "la tierra más hermosa que ojos humanos vieran"... y no en la Madre Patria que por aquel entonces nos colonizaba.

Vale la pena entonces comentar algunas cosas sobre esas dos fortalezas que se perfilan tan majestuosamente en la bahía habanera: el castillo de Los Tres Reyes del Morro y el de San Carlos de La Cabaña. 

Y si algo distingue a lo que hemos dado en llamar Complejo Morro-Cabaña, es esa enhiesta farola cuyos nocturnos guiños de luz constituyeron el primer sistema de señalización marítima en nuestro país y hoy representa un símbolo de la capital de todos los cubanos.

Sin embargo, en el siglo XVI era un vigía quien anunciaba la proximidad de las embarcaciones siempre que la luz del día se lo permitiera, porque de noche ni podían divisarse aquellas naves, ni ellas advertir la cercanía de la costa. 

Por eso se recurría a una inmensa hoguera a ras de tierra para guiar a los navegantes en el azaroso derrotero que los adentraría en la bahía de bolsa que daba acceso a nuestra capital.

Años más tarde fue construida una torre de mampostería que serviría de soporte a la fogata señalizadora para que pudiera avistarse desde el mar con más facilidad, y que fuera destruida casi totalmente durante la toma de La Habana por los ingleses en 1762. 

Mas como al paso del tiempo el puerto habanero fue adquiriendo cada vez más importancia -sobre todo para la Metrópoli española- se convirtió en una prioridad el montaje de un sistema de señalización que resultara eficiente en las noches.

Justamente por esa época el inventor francés Agustín Fresnell había diseñado una linterna descomunal con los lentes escalonados: una técnica que revolucionó el alumbrado marítimo de entonces y que las autoridades hispanas decidieron instalar en la costa capitalina de esta Isla nuestra... no por gusto considerada la llave del Golfo.

Fue en 1844 cuando arribaron al puerto habanero las muchas y muy pesadas piezas del novedoso aparato óptico y la linterna que iluminaría la futura farola, además de veinte barricas de aceite de colza para su alumbrado. 

Comenzó entonces la construcción de una torre hecha con bloques de piedra que tendría setenta y ocho pies de altura y quince de diámetro.

La torre del faro/Foto: Enrique González (Enro)/ Tomada de Cubadebate

Hasta que al fin se concluyó el ambicioso y costoso proyecto que posibilitó la inauguración de aquel faro, cuya luz podía divisarse a cuarenta millas de distancia, con destellos que duraban entre cinco y seis segundos... mientras hoy la farola del Morro ha alcanzado los ciento cincuenta y un pies de altura, y su potente linterna que funciona con energía eléctrica posee un alcance de cuarenta y dos millas a la redonda. Sólo dos más que su antecesora.

Ingeniero real Bautista Antonelli/Foto tomada del portal del ciudadano de la Habana

Desde ese lejano entonces la farola está enclavada en ese impresionante Castillo del Morro, cuya edificación el monarca español Felipe II le confiara al ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli y que -preciso es decirlo- cobrara innumerables vidas de esclavos involucrados en la construcción de esa colosal obra, prevista para defender esta ciudad de los ataques de corsarios y piratas.  

Pero si impresionante es el Castillo de los Tres Reyes del Morro, no lo es menos la fortaleza colindante que lleva por nombre San Carlos de La Cabaña, cuya construcción también fuera encomendada a Juan Bautista Antonelli... quien plenamente convencido de la importancia estratégica de la elevación donde se alzaría esa fortaleza aseguró:  "El que sea dueño de esta loma lo será de La Habana."

Y es que su privilegiada posición que le permitía el dominio de la ciudad, la bahía, el canal de entrada y el mar; su extensión de setecientos metros y su enlace con la farola de su vecino Castillo de El Morro, hicieron de La Cabaña la primera fortificación de América. 

Y no habría que decir que el gobierno español siempre la tuvo dotada de una potente artillería pesada y de una numerosa dotación militar. 

Sin embargo, a diferencia de El Morro, La Cabaña nunca fue escenario de ninguna confrontación armada... quizás porque sus posibles agresores sabían muy bien lo que allí les esperaba.

Hoy el llamado Complejo Morro-Cabaña es un maravilloso espacio histórico-cultural, entre otros muchos atributos por ser la sede principal de la Feria Internacional del Libro y porque sin necesidad de recurrir a una máquina del tiempo es posible trasladarse a La Habana colonial cuando se asiste a la vistosa ceremonia en la cual se enmarca el cañonazo de las nueve: esa célebre detonación con que todo quien la escucha en esta ciudad comprueba la exactitud de sus relojes.

Es por eso que ha valido la pena mencionar en esta ocasión algunos detalles interesantes de esas dos fortalezas que para nuestro legítimo orgullo tiene La Habana... ¡y no las tiene Madrid!

YVL


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