Muy larga fue la noche que precedió la entrada de Lidia Doce y Clodomira Acosta al martirologio de la patria.
| Foto de archivo/ Tomada de Cubadebate |
Por Rosa Pérez López
Comenzó tras el anochecer del 12 de septiembre de 1958 en un apartamento del humilde reparto Juanelo, en San Miguel del Padrón, donde esas dos valerosas mensajeras del Ejército Rebelde se habían refugiado después de cumplir en La Habana las misiones a ellas encomendadas y antes de aprestarse a regresar a las montañas del Oriente.
Una vil y cobarde delación fue el detonante de la masacre cometida en el lugar por varios esbirros de la tiranía batistiana, que acribillaron a balazos a cuatro jóvenes revolucionarios ocupantes también de aquel inmueble, mientras Lidia y Clodomira eran brutalmente golpeadas con el propósito de arrancarles los nombres y el paradero de otros compañeros de lucha... pero la bravía estirpe de aquellas dos mujeres se mantuvo por encima de flaquezas, bajezas y traiciones.
Eso bien lo sabían los sicarios que de todos modos y muy violentamente las sacaron de aquel apartamento y las condujeron a una estación de policía, para en sus siniestras mazmorras volcar contra ellas su saña, su odio y su impotencia, aplicándoles las más terribles torturas... que siguieron siendo inútiles ante el heroico silencio de Lidia y Clodomira.
Del destino de ambas nada se supo, hasta que en los mismos albores del triunfo revolucionario -al ser capturados y juzgados sus verdugos- nuestro pueblo conoció que los destrozados cuerpos de esas valientes mujeres fueron arrojados al mar el diecisiete de septiembre en sendos sacos que contenían cemento, para hacerlas desaparecer definitivamente... al igual que sus nombres y su ejemplo.
Otro inútil empeño del recién derrotado régimen de oprobio, incapaz de comprender que los gloriosos nombres de Lidia Doce y Clodomira Acosta -tras una larga noche que se prolongó durante cinco días- revivirían en un batallón femenino de milicias y en dos hospitales que la Revolución pusiera a disposición del pueblo, y su ejemplo se multiplicaría en el patriotismo y la entereza de millones de cubanas.
YVL
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