En la plenitud de mayo le retoñan a los campos de Cuba unos seres casi míticos, cómplices de la prisa en el empeño de desvanecer la madrugada antes de tiempo, servidores de la fecundidad del suelo y sabios gestores de la vida que se esconde en la simiente.
Texto: Rosa Pérez López
Están aquí, mereciendo la primavera que les llegó de manera diferente hace sesenta y siete años al saberse dueños por primera vez de la tierra que labraban.
Están aquí, adornando de sudor y reciedumbre el lugar donde mayo los colocó en la historia cuando le llegaba su día diecisiete.
Están aquí, como imaginados por los pinceles de Víctor Manuel, Landaluce, Servando y Mariano; están con sus tonadas, sus gallos, su guitarra y su cosecha.
Están aquí, reconociéndose el derecho a seguir procurando riquezas en cada palmo de terreno que les pertenece.
Mayo los trae en la memoria de Sabino Pupo y Niceto Pérez, y en la conquista agraria que Fidel firmó en La Plata.
Mayo los devuelve de un pasado injusto y los pone a transitar hacia un mañana que habrá de ser mejor... aunque no se deje conquistar muy fácilmente.
Por eso el diecisiete de mayo es un día para el compromiso y el recuento.
El compromiso con un futuro que sigue siendo una esperanza; el recuento de un pasado de penurias que le hace advertencias a la desmemoria... porque olvidar sería un descuido que la historia jamás perdonaría.
Foto Yanirys Vicente Legrá
Por eso
están aquí los campesinos cubanos adueñándose de mayo y reproduciendo en cada surco el
provecho de la primavera conquistada hace sesenta y siete años.
Aquí están, con sus manos endurecidas por el oficio de merecer la patria al ofrendarle su sudor, sus tonadas, sus gallos, su guitarra y su cosecha.
YVL
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