Un día como hoy, hace setenta y ocho años, fue asesinado en Manzanillo el líder sindical Jesús Menéndez Larrondo.
![]() |
| Foto tomada del sitio digital sierramaestra.cu |
Por Rosa Pérez López
Como si con un balazo se pudiera aniquilar su ejemplo, se tronchaba la vida de treinta y siete años de aquel hombre de ejecutoria tan inmaculada como su habitual guayabera, de un color semejante al del azúcar refino: esos dulces granos de tan amargo sabor para sus explotados productores, a cuya vindicación Jesús se había consagrado en cuerpo y alma... como un nuevo redentor.
Ese alevoso crimen inspiró al poeta Nicolás Guilén una Elegía que se inscribe entre lo más excelso y sentido de la poética cubana.
Colosal fue el empeño creativo de Guillén, porque Jesús no merecía menos que un poema capaz de abarcar su grandeza política y humana, y el profundo e indignado dolor que había dejado en el pueblo su noble estatura tiroteada en una estación ferroviaria.
“Las cañas iban y venían / desesperadas, agitando / las manos. / Te avisaban de la muerte, la espalda rota y el disparo. / El capitán de plomo y cuero, / de diente y plomo y cuero te enseñaban: / de pezuña y mandíbula, / de ojo de selva y trópico, / sentado en su pistola el capitán. / ¡Con qué voz te llamaban, / te lo decían/ las cañas desesperadas, / agitando las manos!”

Jesús Menéndez. Óleo sobre cartón de Adigio Benítez Gimeno (1958)/Tomado del sitio digital del diario Granma
Porque Jesús siempre supo el mortal peligro que corría en cada instante de su lucha, en cada palmo de país: allí donde el cañaveral sombrío y el tándem angustiado reclamaban su voz señera, mulata, suave y consistente como miel residual.
Sabía Jesús de los planes fraguados en la norteña distancia, para eliminar violentamente a los líderes obreros y a todo aquel que se opusiera a los intereses de los monopolios yanquis.
Y también lo sabía Nicolás, quien le ofrendó una meticulosa obra poética, digna de la grandeza del amigo, el compañero, el compatriota, el camarada...
“Jesús es negro y fino y prócer, como un bastón/ de ébano, y tiene los dientes blancos y corteses, / por lo que su boca se abre siempre amanecida… (...) “Alguna vez anduve con Jesús transitando / de sueño en sueño su gran provincia llena de hombres / que le tendían la mocha encallecida; / su gran provincia llena de hombres que gritaban / ¡Oh, Jesús!, como si hubieran estado esperando / largamente su venida…”
Era Jesús ese nuevo redentor que echó su suerte con los campesinos, los macheteros, los cortadores, los operarios: el profético General de las Cañas empecinado en recobrar definitivamente para Cuba y los cubanos el dulce sabor del azúcar.
Por eso tenía que ser esperanzador y visionario el colofón de esa "Elegía, a Jesús Menéndez", cuya vida no se había ofrendado en vano... como se demostraría once años después, un vindicador primero de enero.
“Fue largo el viaje y áspero el camino. / Creció un árbol con sangre de mi herida. / Canta desde él un pájaro a la vida. / ¡La mañana se anuncia con un trino!”
YVL

0 Comentarios
Con su comentario usted colabora en la gestión de contenidos y a mejorar nuestro trabajo