Este 6 de octubre, un hijo sigue echando de menos el abrazo de su padre, una madre conserva intacto en la mejilla el último beso de su hija y una esposa todavía cubre de nostalgias el lado vacío de su cama.
Las imágenes de dolor ante el horrendo crimen quedaron grabadas en la memoria del pueblo cubano/Foto tomada de Cubadebate
Texto Rosa Pérez López
Este 6 de octubre, como hace cuarenta y nueve años, duele en el alma de la Patria la vil dentellada que desgarró en pleno vuelo setenta y tres razones de vivir.
Ya nuestro pueblo conocía en carne propia los zarpazos del terror.
Ya sabía de cañaverales incendiados, de poblados ametrallados, del vapor “La Coubre” estallando a las puertas de La Habana, de la tienda “El Encanto” reducida a cenizas casi totalmente... menos el asta donde se ondeaba la bandera de la estrella solitaria.
Pero nunca como aquel 6 de octubre de 1976 había sido tan brutal la alevosía.
Jamás en nombre del odio se había perpetrado impunemente un crimen tan monstruoso, como el cometido contra una nave de Cubana de Aviación en el cielo de Barbados.
En nombre de tantas familias enlutadas y de tantos sueños tronchados, cuarenta y nueve años después nuestro llanto enérgico y viril es más que nunca el clamor justiciero de once millones de cubanos.
Tiemble entonces la injusticia, que cobra tantas vidas inocentes y mantiene en libertad a tantos criminales terroristas en muchas partes del mundo.
Por aquel horrendo crimen cometido el 6 de octubre de 1976 nuestra patria no clamó por venganza, sino por la justicia que jamás alcanzó a quienes los perpetraron.
Mas, de cualquier modo, deben haber temblado en su guarida los que aquel día ayudaron a matar.
YVL
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