El 9 de febrero de 1959 un decreto oficial declaraba a Ernesto Guevara de La Serna ciudadano cubano por nacimiento, pero aquel documento sólo refrendaba legalmente lo que nuestro pueblo ya había reconocido a puro sentimiento y gratitud.
Ernesto Che Guevara / Foto tomada de Cubadebate
Texto Rosa Pérez López
Hacía mucho que Cuba sentía como suyo al médico soñador que se enroló de los primeros en la expedición del Granma; al guerrero de respiración jadeante que escaló la Sierra y bajó de ella para repetir la proeza mambisa de la invasión a occidente; al comandante que en Santa Clara precipitó el final de la tiranía batistiana; al jefe militar de recia austeridad, semejante a las centenarias piedras de la fortaleza que en La Habana le sirvió de trinchera tras la victoria de un enero.
Y aún se hizo más nuestro en su diario bregar por surcos y talleres: ministro impecable en su descolorido traje de campaña. Y siguió siendo nuestro cuando depuso su condición de cubano, en cumplimiento de su vocación internacionalista.
Y lo fue mucho más cuando la Quebrada del Yuro, regada con su sangre, estuvo como nunca antes tan cerca del Turquino.
Ahora el Che está por siempre entre nosotros en el centro de la Patria, cubano por derecho y por nuestro deber de algún día igualarle la virtud.
Ahora está el Che por siempre entre nosotros, cubano por siempre entre nosotros, desde la negra boina donde fulgura una estrella solitaria, hasta las botas raídas con que marcara en esta tierra nuestra el camino que conduce a la victoria siempre.
YVL
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