Era el 17 de octubre del 2019 cuando acometió su definitiva coda Alicia Alonso: la suprema encarnación danzaria de Gisselle, la aldeana enloquecida que murió de amor; de Carmen, la gitana veleidosa que sedujo a un toreador y a un militar.
| Foto Mario Ferrer/Tomada del diario Granma digital |
Por Rosa Pérez López
La prima ballerina assoluta que echando su suerte con la palma forjó una de las más prestigiosas compañías danzarias del planeta y cimentó desde su tenacidad y su virtuosismo la escuela cubana de ballet.
Hubo entonces en Cuba y en el mundo que reverenció su inmenso arte un duelo de zapatillas, un desconsolado aletear de cisnes que se resistían a ejecutar los treinta y tres fuettés que harían a Alicia inolvidable... o quizás inigualable.
| Foto Walfrido Ojeda/Tomada del diario Granma digital |
Hace siete años Alicia hizo un relevé que la condujo a la inmortalidad, dejando en nuestra patria un legado que fue más allá de su arte extraordinario y se expresó en su apego a las más nobles, justas y humanistas causas. Esas causas en las que nos va la vida.
| Foto Nancy Reyes/ Tomada del diario Granma digital |
El 17 de octubre del 2019 se marchó Alicia Alonso, como cuando tras su última y grácil reverencia al público que la ovacionaba, su figura se ocultaba detrás de un telón.
Ese día Carmen y Gisselle se vistieron de luto y el Lago de los Cisnes por primera vez se desbordó de lágrimas.
YVL
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