Tras un liberador repique de campana en un ingenio, aquellos patriotas del sesenta y ocho montaron sus doctrinas a caballo; pero esos ideales precisaban erguirse como un salmo glorioso, y a sus sueños de independencia les pusieron letra y melodía.
Foto tomada del perfil en X Me Dicen Cuba
Texto: Rosa Pérez López
Aquel veinte de octubre el patriotismo comenzó a expresarse no sólo a filo de machete, sino también en un canto redentor que convidaba a combatir, y nos sigue convocando a defender lo nuestro.
La noción de identidad e integridad se ha sostenido desde entonces a fuerza de coraje, a trazos de pinceles, a punta de zapatillas, a golpes de buriles, a ritmo de tambores.
Hoy cabalga el patriotismo como antaño, librando sus batallas decisivas en el martiano e inspirador legado “Ser cultos es el único modo de ser libres”.
Cabalga el patriotismo en la carga reclamada por Villena en unos versos; junto a los fornidos milicianos que pintó Servando; con el cañón de futuro disparado por Silvio con acordes de trova.
Cabalga el patriotismo a lomos de un vitral dejado por Amelia sobre un lienzo; cabalga entre las columnas habaneras que Alejo universalizara en sus cuartillas; cabalga desde “el rudo manigual” donde no quiso Lecuona que se perdiera el siboney, hasta llegar a la Calzada de Jesús del Monte trazada por Eliseo Diego en un poema.
Aquellos patriotas del sesenta y ocho montaron sus ideas a caballo, a sus sueños de independencia les pusieron letra y melodía... y desde ese instante se nos convirtió en cultura la certeza de que “morir por la patria es vivir”.
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