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Por Rosa Pérez López
Se ha apelado a la ingenuidad al decir que se trató de un descubrimiento, cuando realmente no había nada que descubrir porque este continente estaba ya en su sitio... aunque Europa no se había percatado aún de su existencia.
Y si se encontró con él fue gracias a un erróneo cálculo en busca de un camino más corto hacia las Indias.
También a ese acontecimiento se le ha llamado eufemísticamente encuentro de dos culturas, aunque algunos -más objetivamente basados en históricas evidencias o más bien consecuencias- prefieran llamarle "encontronazo" a la embestida de España contra la obra acumulada por incas, mayas y aztecas.
Unas civilizaciones portadoras de un autóctono esplendor cultural, en el cual los primeros pobladores de esta parte del mundo volcaron su fina sensibilidad, su intuitiva sabiduría y el magnífico potencial espiritual y material que exacerbó las ambiciones de los conquistadores. Sobre todo, el material.
Pero además se ha nombrado al 12 de octubre Día de la Raza... por más que no se especifique a cuál hace referencia; si a la de los colonizadores hispanos, si a la estirpe aborigen que habitaba originariamente estas tierras, si al mestizaje que resultó al paso de los años... al que también se incorporó el componente de la africanía.
Se me hace necesario evocar entonces el aleccionador enunciado de nuestro Apóstol José Martí en el artículo Mi raza: "Hombre es más que negro, más que blanco, más que mulato".
Y quien así se pronunciaba fue precisamente considerado por la poetisa chilena Gabriela Mistral como "el hombre más puro de la raza". Por supuesto de la raza humana... por ser la única que existe.
Pero desde aquel accidental tropiezo de Colón con este continente hasta nuestros días, la humanidad ha perdido la cuenta de los tantos crímenes e injusticias que se han cometido en nombre del racismo y de la xenofobia; de la absurda noción de prevalencia de una etnia sobre otra.
Ni más ni menos un prejuicio que no es congénito, pues ningún ser humano es portador de genes discriminadores y segregacionistas desde el punto de vista racial.
El racismo es una ilegítima adquisición que envenena el alma y la mente de quienes lo padecen como una dolencia perniciosa.
Dígase ser humano y ya se abarcaría en ese concepto la grandeza solamente posible en una especie donde la naturaleza volcó sus más preciados atributos... en el empeño de hacernos criaturas superiores.
Prefiero entonces pensar que el llamado Día de la Raza sólo marca el momento cuando -para bien o para mal- se abrieron las puertas de la hasta entonces desconocida América nuestra, para los habitantes de todos los confines el planeta.
YVL
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