Los himnos y campanas detuvieron el vuelo de las palomas este 10 de octubre en la Plaza de Armas, de la capital cubana.
Texto y fotos: Ricardo R. Gómez Rodríguez
En acto encabezado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer
secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), se evocaron los hechos acaecidos hace 158 años, cuando el
entonces joven Carlos Manuel de Céspedes emancipó a sus esclavos y
les convocó a rebelión por la libertad de Cuba y la dignidad.
Junto al también Presidente de la República, estuvieron los miembros del Buró Político Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; y Roberto Morales Ojeda, secretario de organización del PCC, otros integrantes del Comité Central y las máximas autoridades de La Habana.
Muy cerca rompían las olas enérgicas del malecón habanero, los pioneros miraban la escena con ojos bien abiertos y la General Delsa Esther Puebla Viltre, Teté, fue a acomodar los lazos de las ofrendas florales rojas y blancas, para homenajear a los caídos en esta gesta libertaria, que ha sido una sola hasta hoy.
José Ramón Monteagudo Ruíz, miembro del Secretariado del Comité Central del PCC, recordó en las palabras centrales, aquel inicio de las luchas por la independencia, momento trascendental de la historia, por la definición firme y resuelta de llamar al combate y la decisión de liberar a los esclavos, como expresó el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz.
En el año del centenario del Comandante en Jefe, Monteagudo rememoró sus palabras cuando dijo que en Cuba solo ha habido una Revolución, iniciada con aquellos acontecimientos hace 158 años.
En momentos de amenazas del imperialismo, el orador instó a la unidad y a seguir defendiendo con sacrificio a la nación y la obra social construida, con las manos y la sangre de miles de los hijos, que consideran a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.
En este encuentro solemne, el Doctor Michael González, hizo una remembranza de los sucesos históricos, describió el espíritu, firmeza y fe en la victoria de Céspedes, en cuya estatua en blanco puro, en el centro de la Plaza de Armas, fueron depositadas flores a nombre de los líderes de la Revolución, organizaciones políticas y de masas.
En la mañana fresca, la brisa despeinaba las palmas briosas, elegantes, emancipadas; y un ligero rocío, originó un brillo, casi imperceptible, en las ancestrales lozas de antiguas callejuelas, e hicieron resplandecer más fuerte los colores rojo y blanco de las rosas.
YVL
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