El Instituto Cubano del Libro comunica el fallecimiento
en La Habana, a los 84 años de edad, la reconocida poeta, editora y promotora
cultural Aitana Alberti León. Foto tomada de Cubaliteraria
Texto: Edelvis López
Hija de los reconocidos escritores españoles Rafael Alberti y María Teresa León, nace en Argentina durante la estancia de sus padres allí, exiliados de la Guerra Civil Española, añade la información.
Graduada en Ciencias Antropológicas, su trayectoria estuvo consagrada al estudio y difusión de la obra de los poetas de la Generación del 27, legado que compartió a través de diversos espacios en la Televisión Española y Cubana.
Desde su llegada a Cuba, donde residió por más de tres décadas, su labor fue fundamental en el fomento de la poesía y las artes. Fue presidenta de la Cátedra Rafael Alberti de la Universidad de La Habana y del Proyecto Cultural Sur, que agrupa 30 ciudades de Europa y América. Fundó y dirigió el espacio Fe de vida: Imagen y palabra, foro esencial para el diálogo sobre la Generación del 27 en Cuba, con sede en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.
Su obra poética, traducida a varios idiomas, incluye títulos como: Y de nuevo nacer y Pupila al viento. Importantes figuras de la poesía y la crítica literaria como Nancy Morejón y Virgilio López Lemus, destacaron los valores de su obra lírica.
El Ministerio de Cultura de Cuba envía sus más sinceras condolencias a sus familiares, discípulos y amigos.
Mientras, el Centro Cultural Dulce María Loynaz despidió a una de sus más queridas y entrañables personalidades, y expresa que deja un vacío inmenso en la institución y en la cultura cubana.
Afirma asimismo: “Aitana fue figura fundamental de nuestro Centro durante aproximadamente quince años. Aquí fundó y dirigió el espacio Fe de vida: Imagen y palabra, un foro esencial para el diálogo sobre la Generación del 27 en Cuba.
Aitana sintió una profunda admiración por Dulce María Loynaz, a quien dedicó hermosas palabras en su libro La arboleda compartida (Colección Sur, Memorias), en la que evocó los días junto a sus padres y la relación de su familia con grandes intelectuales.
En esa obra, escribió: "La música se mezcla con los ruidos cotidianos. Ladra un perro. Ríe un niño. Un coche se detiene; sus ocupantes participan del milagro. Te pienso, arrebujada en la penumbra acuosa, rodeada de objetos maravillosos y sorprendentes; salones cuyos límites se pierden, se evaporan en grandes escaleras. ¿Habré entrado en un sueño de William Blake? Dulce María, tú eres el jardín; tú, la rosa; tú, la fuente y el agua; tú, el perfume de las hojas perennes y de las flores agostadas por el sol fulminante."
Y recordó la dedicatoria que Dulce María escribió para su hija menor en un ejemplar de Jardín:
"Venía del jardín y al jardín iba; su camino era uno solo y bien marcado; no era fácil de confundirse; sus bienes eran el sol, la lluvia, y no a la manera que los poseen los hombres, como una simple división de días y estaciones, sino como la fuerza viva; la vida misma..."
En su mensaje el Centro Cultural Dulce María Loynaz expresa igualmente: “Aitana Alberti León nos deja un legado de amor por la poesía, la cultura y la memoria. Su hogar en La Habana, al que nombró Pleamar en homenaje al primer poemario de su padre, fue siempre un refugio para el arte y la amistad”.
Envía, además, sus más sentidas condolencias a la familia, amigos y a todos los que tuvieron el privilegio de conocerla y quererla.
ELZ
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