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La 62 edición de los Juegos Escolares Nacionales marcó un récord histórico

El año 2026 planteó un escenario de extrema complejidad para el movimiento deportivo cubano. Las severas limitaciones de recursos, agudizadas por el recrudecimiento del bloqueo financiero y energético contra la Isla, obligaron al Instituto Nacional de Deportes y Recreación (Inder) a tomar una decisión dolorosa pero necesaria: congelar casi la totalidad de su calendario competitivo nacional.

Foto tomada de JIT

Texto: Anabel Quiñones Aguero 

Salvo contadas excepciones, como el Panamericano de Bádminton en la Ciudad Deportiva, el Torneo internacional Capablanca de ajedrez y IV Liga Élite del Béisbol Cubano, la actividad de alto rendimiento parecía abocada a un compás de espera.

Sin embargo, en el centro de esa encrucijada se encontraba la 62 edición de los Juegos Deportivos Escolares Nacionales (JEN), la indiscutible joya de la corona de la pirámide de desarrollo atlético en el país.

Suspenderlos no era una opción aceptable para la dirección del deporte. La respuesta estratégica fue una obra de resistencia y se apostó por descentralizar el certamen, prescindir de los costosos traslados nacionales y mudar la competencia al escenario más sagrado del país: los barrios en cada municipio.

Para conocer los saldos de esta gigantesca movilización, el medio deportivo JIT conversó con Agustín Abril, director nacional de Organización y Programación del Inder, quien valora los festivales municipales como un hito metodológico y social.

¿Cómo se gestó esta audaz alternativa de trasladar el evento más importante del deporte cubano hacia la base municipal en un año tan complejo?

Desde los inicios de 2026 constatamos un incremento severo de las limitaciones materiales provocadas por el cerco económico al que está sometido nuestro país; una realidad de la que el deporte, lógicamente, no está exento. Ante esa situación, nos vimos forzados a suspender el calendario competitivo nacional, con excepciones muy puntuales.

Sin embargo, los Juegos Escolares representan el alma de nuestro sistema deportivo. Cancelar su 62 edición habría sido un golpe demoledor para la reserva de alto rendimiento. En medio de esa disyuntiva, analizamos que lo más sensato, revolucionario y económicamente viable era descentralizar el certamen y volcarlo de forma masiva en cada uno de los municipios del país.

El municipio es la estructura matriz de la nación. Esta variante no solo garantizó un ahorro drástico de recursos materiales y financieros, sino que despertó una motivación insospechada en los territorios. Las competencias arrancaron con orgullo el 28 de junio en los 168 municipios del país y culminaron el pasado miércoles con un éxito rotundo.

¿Cuáles fueron las metas metodológicas que se trazaron al diseñar este nuevo formato?

Nos planteamos tres objetivos esenciales. En primer lugar, asegurar la participación masiva, lúdica y recreativa del sector escolar. Segundo, lograr una evaluación pedagógica rigurosa de los atletas que se forman en las áreas deportivas de base. Y, finalmente, mantener una visión metodológica estricta sobre la preparación de los alumnos de las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (Eide), quienes debido a la coyuntura del país se encuentran desconcentrados en sus respectivos territorios desde hace algunos meses.

Las cifras de participación que maneja el Inder tras la clausura del evento son monumentales. ¿Cómo se tradujo este diseño en números reales sobre el terreno de competencia?

Los números demuestran la magnitud de lo que hemos logrado y la capacidad de respuesta de nuestro pueblo. Logramos activar de manera simultánea los 168 municipios del país. En total, se involucraron 509 combinados deportivos y se habilitaron 5 076 instalaciones de todo tipo.

A nivel de recursos humanos, el despliegue fue extraordinario: tuvimos en acción a 563 537 atletas en edad escolar, respaldados por la conducción técnica de 15 367 entrenadores y el arbitraje de 18 151 jueces. Hablamos de cifras sin precedentes en eventos de esta naturaleza.

Además, logramos cumplimentar el 98 por ciento del programa competitivo planificado; solo algunas suspensiones menores por lluvias en la región oriental alteraron brevemente el cronograma. La flexibilidad otorgada a cada territorio para diseñar su calendario según sus potencialidades reales fue clave para este balance tan positivo.

Con el evento ya concluido, ¿cuáles son las principales enseñanzas que nos dejan estos festivales comunitarios? ¿A qué elementos metodológicos ya no podemos renunciar?

La principal enseñanza es que los festivales deportivos escolares llegaron para quedarse; es una estructura a la que ya no podemos renunciar porque constituye la base de todo. Al competir en sus comunidades, los más de 11 000 alumnos de las Eide que estaban desconcentrados elevaron el nivel cualitativo de las competencias en sus barrios de origen, permitiendo que sus escuelas matrices, sus familias y sus vecinos se identificaran directamente con ellos.

Asimismo, los atletas con discapacidad gozaron de un espacio de expresión competitiva mucho más inclusivo y cercano, lo cual consolida los notables éxitos que este sector ha venido registrando. Las comisiones nacionales mostraron una flexibilidad encomiable para apoyar técnicamente a las provincias, pero si hay un factor verdaderamente vital que debemos rescatar, es el protagonismo de la familia.

La participación de los padres y tutores fue, sin duda, el gran motor impulsor de estas jornadas...

Absolutamente. La familia cooperó de forma incondicional desde las etapas previas: colaboraron con sus propias manos en la reparación y embellecimiento de los terrenos, aportaron recursos propios para asegurar la alimentación y garantizaron la logística mínima indispensable para que cada niño brillara.

Esa alianza indestructible entre la familia, las direcciones de deportes y los gobiernos municipales le otorgó una lucidez única al evento.

Desde el punto de vista del alto rendimiento, ¿cree que este modelo municipal garantiza el relevo atlético de la Isla o el formato nacional de los JEN sigue siendo imprescindible?

No poder realizar la etapa nacional de los Juegos Escolares, donde las reservas deportivas de élite se enfrentan con el máximo rigor competitivo, genera un costo metodológico que no podemos obviar. Sin embargo, este festival comunal amortiguó notablemente ese impacto.

Al ampliarse exponencialmente el universo de participantes, los especialistas provinciales y municipales de alto rendimiento pudieron realizar un monitoreo exhaustivo, detectando talentos ocultos que ahora formarán parte de la matrícula de captación de las Eide para el venidero curso escolar.

Incluso se registraron marcas individuales de gran relevancia para estas categorías; registros que lógicamente validaremos más adelante en escenarios de mayor exigencia técnica, pero que evidencian la salud de nuestra cantera. El festival municipal debe consolidarse como el paso previo obligatorio a los Juegos Escolares Nacionales cuando las condiciones nos permitan realizarlos con normalidad.

Con estas premisas, ¿estamos entonces ante la edición más grande de los Juegos Escolares en la historia de Cuba

Indiscutiblemente, por volumen de participación y alcance social, esta 62 edición es la mayor de nuestra historia. No renunciamos a nada de lo que distingue a nuestros tradicionales Juegos. Llevamos a cabo el Foro de Ciencia y Técnica en cada territorio, acumulando 1 435 actividades científicas.

Logramos que nuestras glorias deportivas locales —muchas de ellas invisibilizadas en eventos de carácter nacional— recibieran el merecido reconocimiento de sus vecinos en sus propios consejos populares.

El Instituto de Medicina del Deporte, gracias al respaldo inestimable del Ministerio de Salud Pública, garantizó cobertura médica en cada área de competencia. Nuestros árbitros de base tuvieron un espacio único de superación, recibiendo clínicas e impartiendo justicia junto a jueces nacionales e internacionales. Los círculos de interés también tuvieron su vitrina de exposición de conocimientos.

Este evento marcará un antes y un después. Ha sido la respuesta más contundente del movimiento deportivo cubano para reencontrar el camino de la masividad, que ciertamente mostraba señales de deterioro.

Se logró integrar a la escuela, a la comunidad, a las niñas, a los jóvenes y a la familia en un solo engranaje de resistencia. Ya se planifica el segundo festival para el próximo año competitivo; evaluaremos las fechas según el calendario escolar, pero el festival  de base estará garantizado.

(Tomado de JIT)

AQA


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