El Polvo del Sahara se manifiesta con mayor frecuencia en Cuba durante los meses de junio y julio, extendiéndose en ocasiones hasta mediados de agosto.
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| Foto tomada de Granma |
Texto: Anabel Quiñones Aguero
De acuerdo con una publicación del diario Granma, este fenómeno natural, aunque representa riesgos para la salud y el medio ambiente, también cumple un papel protector al limitar la formación de ciclones tropicales en la región.
Las nubes de polvo se originan en el Sahara y el Sahel africano, alcanzan alturas de entre 3 y 7 kilómetros y son impulsadas por los vientos alisios hacia el Caribe y América.
Su llegada provoca cielos blanquecinos y brumosos, disminuye la visibilidad y genera un ambiente más cálido y seco, condiciones que afectan la vida cotidiana y los ecosistemas.
Los especialistas advierten que estas partículas contienen minerales y microorganismos que pueden provocar irritaciones en piel, ojos y vías respiratorias, además de agravar enfermedades como el asma.
Asimismo, su impacto ambiental se refleja en la agricultura y en los arrecifes coralinos, donde favorecen la propagación de hongos dañinos.
No obstante, el polvo sahariano también actúa como barrera natural contra ciclones tropicales, al reducir la humedad relativa y aumentar la cizalladura del viento, factores que dificultan la organización de estos sistemas.
De esta manera, Cuba enfrenta cada verano un fenómeno que combina riesgos y beneficios, y cuya vigilancia meteorológica resulta esencial para mitigar sus efectos.
AQA

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