Las victorias no siempre se miden en cronómetros ni se guardan en medallas. A veces nacen de un gesto sencillo, de una palabra o de la capacidad de acompañar a otros. Así lo demostró nuevamente la legendaria atleta cubana Ana Fidelia Quirós, quien visitó a niños atendidos en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, llevando juguetes, sonrisas y un mensaje de esperanza.
| Foto tomada del INDER |
Texto: Anabel Quiñones Aguero
La doble campeona mundial y medallista olímpica reafirmó que su legado trasciende el ámbito deportivo. No es la primera vez que dedica tiempo a quienes más necesitan compañía: en múltiples ocasiones ha compartido con niños y jóvenes, dejando una huella que va más allá de sus hazañas en las pistas, según publicó en sus redes sociales Deporcuba.
El gesto fue recogido en un video realizado por su hijo, Alberto Rolle, quien acompañó la visita y expresó: “Volví a casa con el corazón encogido y lleno de admiración. Ellos nos enseñan lo que significa la valentía de verdad: sonreír, seguir jugando y seguir soñando incluso en los momentos más difíciles.” Para él, la experiencia fue una lección de vida que trasciende cualquier logro deportivo.
Madre e hijo, unidos por los mismos valores, recordaron la importancia de acompañar y tender la mano a quienes atraviesan momentos difíciles. Ana Fidelia, conocida como la “Tormenta del Caribe”, sigue siendo campeona: en las pistas conquistó al mundo, y fuera de ellas continúa dejando una de sus mayores victorias, la huella humana que inspira a generaciones.
AQA
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