Hoy el día amaneció con alma, rostro y nombre de mujer, para que la vida le haga nuevas promesas al futuro.
Obra Mujeres, 1958. Autora: Amelia Peláez. Óleo sobre tela [100x129]/Tomada de Ecured
Texto: Rosa Pérez López
Ese porvenir fraguado alguna vez en un vientre cálido y fecundo; ese porvenir amasado en el desvelo, la entrega y el amor; ese porvenir acrecentado en los valores, el ejemplo y la virtud, porque no es posible el engrandecimiento humano sin impulso y ternura de mujer.
Por eso el día tiene hoy fragancia de jazmín y pólvora; suavidad de lecho y reciedumbre de talleres, pues en todos sus espacios se hace presencia -como en la vida misma- esa criatura que presuntamente nació de una costilla, para hacerse de una dimensión verdadera, tangible, cotidiana y colosal.
Esa mujer culta y virtuosa que al decir de Martí fortalece las campañas de los pueblos; esa revolución dentro de la Revolución, como justamente la definiera Fidel.
Esa mujer cubana de ayer, de hoy y de siempre, en quien se reedita la entereza de Mariana Grajales o de Celia Sánchez; en quien se reproduce la sensibilidad artística de Amelia Peláez o de Alicia Alonso.
Esa mujer cubana que apostó por su emancipación desde el gesto precursor de Ana Betancourt o la cotidiana entrega de Vilma Espín.
Hoy el día amaneció con alma, rostro y nombre de mujer: esa mujer cubana que ha traspasado las fronteras de su tiempo y de su tierra para hacerle cada día nuevas y mejores promesas al futuro.
YVL
0 Comentarios
Con su comentario usted colabora en la gestión de contenidos y a mejorar nuestro trabajo