Las jugadoras de la selección sub-17 de fútbol de Cuba cedieron ante Costa Rica tres goles por uno, en el torneo eliminatorio mundialista de Concacaf, que tuvo como sede el estadio Miguel Chocorrón Buitrago, de Managua, Nicaragua.

Foto tomada de JIT
Tras los primeros 45 minutos no había más que ceros en el marcador, y
eso probablemente también devino en acierto del plan táctico del alto
mando cubano, que consiguió mantener fuera de su área a una máquina de
hacer goles como el equipo centroamericano, que en cuatro partidos
perforó las redes en 40 ocasiones.
Apenas un minuto después de salir del descanso se vino abajo el plan de las cubanas con un disparo largo de Valentina Vargas que "colgó" a la portera cubana, y se coló por el ángulo: resolvían la ventaja así las costarricenses, con un gol mitad fortuna, mitad obra de arte.
A partir de ese momento, fue más complicado el examen para la dirigidas por Silvio Pedro Miñoso.
Desde fuera del área gozaron de suerte sus rivales, pues el esquema defensivo daba seguridad; sin embargo, Lucía Paniagua al 54' colocó su remate cruzado, pegado al poste, inalcanzable, severo.
De manos de la desazón llegó el desespero, y las centromericanas eran las que proponían, hasta que en una invasión al área consiguieron un penal, convertido por la propia Paniagua, para el 3-0 parcial.
Es en situaciones así cuando cualquiera pensaría que queda permitido bajar los brazos, pero las de la Mayor de las Antillas cargan más que pundonor en sus morrales, y no se irían sin enseñar que también juegan al fútbol.
Yaiselis López consiguió dar fe de la calidad y superación de las suyas en esta disciplina y, a pesar del marcador y de que ya algunos podían estar pendientes al silbato del final del juego, presionó la salida de las defensoras locales, tomó un balón con más astucia que rabia y definió por sobre la arquera rival como quien dibuja un fresco en la capilla de la catedral simbólica del fútbol.
Esa joya de gol resultó el noveno tanto para la delantera cubana, y apenas el segundo que recibía Costa Rica en el torneo, un dato que pone en perspectiva la envidiable calidad de las ganadoras del grupo E.
Relegadas al segundo escalón del apartado, y a sabiendas de que Bermudas y Nicaragua ya ocupaban los boletos a los dos mejores de ese puesto, las cubanitas se despidieron con el llanto de la vergüenza.
Habrán aprendido a decir adiós al sueño de este mundial, quizá sirva "decir por ahora", pues ya sabemos que la despedida puede envolver un hasta luego: después de verlas jugar no quedan dudas de que tienen muchísimo talento para seguir soñando.
Tomado de JIT
YVL
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