Este 26 de julio no estará Fidel irrumpiendo en el Moncada para rescatar de la afrenta la memoria del Apóstol en el año de su centenario, ni ocupará tampoco las tribunas donde su visionario verbo trazara futuros promisorios, ni volcará en sus sabias reflexiones el ideario justiciero que lo inspiró a reiniciar la contienda por la redención de Cuba aquel glorioso amanecer de asaltos a cuarteles.

Texto Rosa Blanca Pérez
Este 26 de Julio, en el monolito que atesora su infinita leyenda de guerrero, Fidel está tan cerca de Martí como setenta y dos años atrás en aquella mañana de la Santa Ana, cuando en Santiago y en Bayamo se reeditó el coraje de los precursores de nuestra independencia.
Llevaba entonces en el corazón las doctrinas del Maestro, para asumir como un mandato inexorable que "las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus instantes de rebelión".
Y hacia la rebelión que vindicaría a la Patria de más de cuatro siglos de dominación colonial y neocolonial, una madrugada marchó Fidel junto a un grupo de valientes en pos de un ideal y a sabiendas de que más temprano que tarde habrían de triunfar.
Una certeza que cristalizó cinco años, cinco meses y cinco días después, en un triunfal enero que comenzó a hacer realidad el martiano anhelo de una república "con todos y para el bien de todos".
Este 26 de julio Fidel se encuentra en esa dimensión eterna de la cual son dignos solamente aquellos que han luchado día tras día por la libertad y la dignidad del hombre, para hacerse ejemplo inagotable en estos tiempos desafiantes cuando tanto urge que nuestro pueblo sea consecuente con las enseñanzas del líder Histórico de la Revolución Cubana, que es llevar por siempre en el corazón las doctrinas del Maestro.
YVL
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