Ese hombre aportará el sexo de sus hijos, quizás el color exacto de sus ojos o tal vez la forma de sus labios; al fin y al cabo cuestiones relacionadas con los cromosomas y con el ADN.
Texto Rosa Pérez LópezFoto Yanirys Vicente Legrá
Pero el legado supremo, el que hará de él un verdadero padre, será inculcarles valores que no competen a las leyes de la herencia, sino se van forjando poco a poco en el crisol de un buen ejemplo.
Y sabrá ser amigo exigente, respaldo oportuno, mentor comprensivo, compañero cercano, crítico afectuoso; las tantas maneras de formar tempranamente el carácter en ciernes de sus hijos y fomentar en ellos las virtudes de las cuales serán depositarios durante toda la vida.
Es ése un verdadero padre. El que no consiente, sino educa; el que no anula, sino suma; el que no se impone, sino propone; el que no alienta mezquindades, sino promueve bondades; el que no pone absurdas riendas, sino coloca las alas adecuadas para que sus hijos sepan valerse por sí mismos algún día.
Este tercer domingo de junio pienso en ese padre verdadero. Un padre como el que yo tuve y del que todos los días del año, aunque ya no esté a mi lado, me sigo sintiendo siempre muy orgullosa.
YVL
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