Ya era el 20 de abril de 1957 en el edificio marcado con el número siete de la calle Humboldt, que fue predestinado por la historia para el martirologio de Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, José Machado y Juan Pedro Carbó: jóvenes sobrevivientes del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de ese mismo año.
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La masacre ocurrió el 20 de abril de 1957 y fue denominado desde entonces, masacre de Humboldt 7/Foto tomada de Cubadebate
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Texto Rosa Pérez López
Ya era el 20 de abril
en el apartamento cercano al Malecón de La Habana donde habían hallado su
último refugio los cuatro combatientes, perseguidos con saña por los esbirros
del tirano que había escapado ileso de la valerosa acción del Directorio
Revolucionario.
Ya era el 20 de abril
y el dedo delator señalaba con vileza y cobardía el lugar exacto donde la
traición iba a cobrar las preciosas vidas de Fructuoso, Joe, Machadito y Juan
Pedro.
Hasta allí llegaron
los sicarios y fue muy desigual el sorpresivo combate entre los afiliados al
luminoso bando de quienes aman y fundan, y los pertenecientes a la sombría
camarilla de quienes odian y destruyen.
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| En esta fotografía aparece el niño
Héctor Rodríguez González, hijo del conserje del edificio de Humboldt 7,
mirando la sangre que ha dejado Juan Pedro Carbó Servia en la escalera
principal del edificio al ser arrastrado desde el primer piso/Foto tomada de Cubaperiodistas |
La sangre de los
buenos se derramó escaleras abajo haciéndole una promesa al porvenir, para que
sesenta y ocho años después hoy vuelva a ser 20 de abril, y
lo más puro y leal de la juventud cubana siga amando y fundando un
luminoso futuro para la patria por la que cayeron los mártires de Humboldt
siete.
YVL
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